Cardillos, trigueros y tagarninas, cómo hacer un buen revuelto de cardillos

 

Hoy vamos a preparar en Lazy Blog, un revuelto de cardillos. Los cardillos son una verdura que no es fácil de encontrar en todas partes. De hecho yo solo suelo comerla un par de veces al año, en primavera, cuando algunos amigos le regalan a mi madre una bolsa, ya limpia, lista para cortar y cocer en agua salada. Esta vez, los como porque los he comprado ya limpios, en Jerez de la Frontera, donde se encuentran con el nombre de tagarninas.

Lo trabajoso de los cardillos es eliminar sus pinchos, pelarlos bien, y luego, el largo tiempo de cocción que necesitan. Más abajo podéis ver una foto de esta planta en el suelo, su hábitat natural. Ya veréis cuánto os gusta este plato. 


Después de pelados y cocidos, el resultado de los cardillos listos para cocinar la receta de hoy es este:


Pero después tendremos acceso a una verdura de primavera muy fibrosa, y con un estupendo sabor, lista para cocinar en revueltos o para rehogar. Y buenos para guardar en conserva y disfrutarlos a lo largo del año.

El cardillo del que os hablo es el Scolymus hispanicus, una planta que en otras zonas recibe el nombre de tagarninas, como los fieles del blog recordaréis, ya que hace unos meses preparamos con ellas un guiso o potaje de Berza Gitana de Jerez, que nos dejó encantados. A la izquierda podéis ver una foto de la planta antes de pelarse. 

Lo que se come es la parte central de cada hoja, la que tiene un color rosado, una vez limpio de las hojas de color verde, muy espinosas. 

En esta ocasión, vamos a preparar un revuelto de cardillos o tagarninas, con un poco de jamón ibérico y un par de huevos. Como es una receta sin demasiadas calorías, y además está llena de fibra, puede contribuir bien a los que deseen perder algo de peso.

Otra forma de preparar esta verdura es rehogada con un par de ajos y una puntita de pimentón, y unas gotas de vinagre, como si fueran acelgas o judías verdes rehogadas. De una forma o de otra, los cardillos están buenísimos. Vamos al lío:

Receta de revuelto de Cardillos con jamón

Partimos de los cardillos ya limpios y cocidos. Además necesitamos unas tiras de tocino de jamón ibérico para hacer el revuelto en esa grasita y unos taquitos de jamón para alegrar el plato. Obviamente, también es necesario utilizar huevos de gallina, a ser posible de la mejor calidad y muy frescos. 


Como os decía, decidí comenzar dándole un toque de sabor a la verdura, rehogándola en la grasa que soltara el tocino del jamón, sin usar aceite. Tras un minuto en la sartén, retiré el tocino y añadí una buena ración de cardillos, calculo que unos 100 gramos de cardillos ya cocidos, y los mantuve en movimiento durante unos cinco minutos a fuego medio.


Una vez rehogada y caliente la verdura, añadimos unos taquitos de jamón y los tocinitos cortados muy finos a la sartén y seguimos rehogando. Los tocinitos, transparentes parecen de gelatina en la foto siguiente. 


A continuación, añadimos dos huevos y les ponemos unos granos de sal en la yema.


Los rompemos y apagamos el fuego, mientras removemos con una cuchara de madera hasta que empiece a cuajar el huevo. Es un proceso lento, pero queremos que quede muy cremoso y jugoso, sin cuajar del todo como una tortilla, sino poco a poco...


Si vemos que no cuaja y está todavía un poco líquido, volvemos a poner unos segundos en el fuego, y volvemos a apartarnos, haciendo que termine de cuajar el revuelto con el calor residual.  Emplatamos y a la mesa. Sano, sano. Es frecuente que al sacar el plato a la mesa, el agua de la cocción de los cardillos se suelte y salga el juguillo aparentando que está sin cuajar, pero es una salsa estupenda que os recomiendo aprovechar. En la foto siguiente lo veis perfectamente. 




Os cuento otra sorpresa inesperada. Cuando mi madre me regaló esos cardillos que acabo de preparar, me dió también unos espárragos trigueros silvestres, algo amargos, que le habían dado porque los habían recogido también en el campo. Me preparé con ellos otro revuelto impresionante, el proceso fue el mismo. Sólo puedo enseñaros la foto. No los había comido hacía muchos años, y fue todo un gusto recordar ese sabor tan único del amargor del espárrago triguero español silvestre.



Y el jueves... más. Sed felices,